Eran las 11 de la noche en punto del 15 de septiembre cuando la gobernadora Delfina Gómez salió al balcón del Palacio de Gobierno, y el aire se llenó de campanas, gritos y memoria.
Pero no fue un grito cualquiera: al ritual de libertad, igualdad y soberanía, la gobernadora le metió nuevos nombres, nuevas causas.
“¡Vivan los pueblos indígenas!”, “¡Vivan las mujeres anónimas de la Independencia!”, “¡Viva el Estado de México!”.
Frases que no se leen en los libros, pero que pesan como historia viva.
Por segundo año consecutivo, Delfina encabezó la ceremonia del Grito en la capital mexiquense.
Y con ello volvió a romper un ciclo: es la primera mujer en gobernar el Edomex, la primera en decir estas palabras desde el balcón oficial, y apenas la segunda vez en casi un siglo que alguien fuera del PRI tiene esa voz.
Noventa y cuatro años de costumbre se rompieron con un “¡Viva!” distinto.
En la Plaza de los Mártires, 25 mil gargantas contestaron al unísono.
Un mosaico de familias, danzas, música y banderas pintó la noche de fiesta.
En las calles, más de 500 elementos de seguridad cuidaban que la celebración no se manchara con sobresaltos.
Y en el escenario, la música tradicional mexicana puso cuerpo y alma a un recuerdo colectivo.
El gabinete entero acompañó a la mandataria: símbolo de unidad, pero también de continuidad.
Porque el Grito no es solo acto de memoria, es mensaje político, es espejo de lo que se quiere proyectar.
Cada septiembre repetimos las mismas palabras. Pero cada septiembre nos preguntamos lo mismo:
¿Qué tan libres, justos e iguales somos hoy? La Independencia se conmemora con fiesta, sí, pero también con compromiso. Y en Toluca, el grito volvió a ser un recordatorio: aún falta camino.




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