Desde el corazón para las mujeres del municipio de Otzolotepec,
en el Centro Libre, Blanca Estela Suárez Paredes, una artesana que, a sus 55
años, ha transformado su vida y se ha convertido en una fuente de inspiración,
nos platica su historia, marcada por desafíos y superaciones, es un testimonio
de fortaleza y la convicción de que nunca es tarde para nada.
Originaria de Santa María de Tetitla, una comunidad de Otzolotepec,
Blanca Estela describe su infancia como "un poco triste". Hija de
madre soltera, su madre tuvo que trabajar arduamente para mantenerla a ella y a
sus dos hermanos; Blanca Estela recuerda sentirse sola, ya que su hermano mayor
se iba con sus amigos y ella no tenía con quién jugar, esta soledad la llevó a
anhelar una familia, una que ella sentía que no había tenido.
“Les cuento a las personas que conozco que yo no recuerdo
algún instante feliz de mi infancia. Yo siento que no lo tuve en esos momentos.
Eso me llevó a querer tener una familia porque yo consideraba que yo no tuve
familia. Mi madre fue sola, y pues, como pudo nos dio, nunca nos faltó nada,
pero aun así, yo pienso que sí faltó su presencia.”
Su vida dio un giro cuando se casó, creyendo que encontraría
la familia que tanto deseaba, sin embargo, su realidad fue diferente, su
esposo, aunque trabajador, se volvió irresponsable debido a los vicios, lo que
frustró sus esperanzas, ydurante la mayor parte de su vida, Blanca Estela fue
ama de casa, ya que su esposo nunca le permitió trabajar, considerándose el
único proveedor.
La verdadera transformación en la vida de Blanca Estela
llegó con una enfermedad grave que la dejó postrada durante un año, pensó que
iba a morir, pero un especialista le diagnosticó varias enfermedades
autoinmunes crónicas, y a pesar de la gravedad de su condición, esta
experiencia la impulsó a buscar un nuevo propósito.
Cuando sus hijos crecieron y se independizaron, Blanca Estela
se encontró con un vacío, su hija menor, una ingeniera química, le había
expresado desde pequeña su deseo de independizarse, y Blanca Estela la apoyó en
su decisión, por lo que, con sus hijos fuera de casa, se preguntó: "¿Ahora
qué hago?".
“Tengo que hacer algo, yo me siento todavía productiva con
la edad de poder, de aprender más cosas. Siempre mi frase es: "La vida no
me va a alcanzar para aprender todo lo que yo quisiera."
Fue entonces cuando, a raíz de su recuperación y el cierre
de la escuela donde vendía dulces y chucherías debido a la pandemia, Blanca
Estela decidió aprovechar los cursos que ofrecía el ayuntamiento, siempre con
la mentalidad de que "cuando se cierra una puerta, se abre otra
mejor", se dedicó a aprender. Ya había tomado cursos de velas, retrato y
pintura en tela en Toluca, demostrando su constante deseo de aprender.
Durante la pandemia, comenzó bordando cubrebocas de tela,
luego diseñó cubrebocas estampados y vendió productos ecológicos como popotes
de acero inoxidable, toallitas desmaquillantes y pañales ecológicos. Su
incursión en el mundo de las ventas no fue fácil; al principio, la vergüenza la
llevó a esconderse detrás de su puesto, sin embargo, superó ese miedo y
descubrió su pasión por la bisutería y el diseño.
Hoy, Blanca Estela es una artesana que crea piezas
impresionantes con ocoxal, bisutería y pedrería, vende sus creaciones en el
Mercadito de la Plaza Cívica los viernes, junto con otras emprendedoras que
ofrecen una variedad de productos artesanales, y su esposo, aunque al principio
no le gustaba su nueva actividad, ahora la apoya.
Blanca Estela enfatiza que su trabajo no es una obligación,
sino una pasión que disfruta profundamente. A menudo, trabaja hasta altas horas
de la madrugada, encontrando paz y creatividad en la tranquilidad de la noche.
Su mensaje para otras mujeres es claro: "Nunca es tarde para nada.
Nunca debemos rendirnos ni decir 'yo no puedo'". Ella
misma comenzó este camino a los 55 años y, cinco años después, se siente en la
mejor etapa de su vida, haciendo lo que le gusta y aprendiendo constantemente.
“Las mujeres somos fuertes, somos valientes.
Nunca decir y dejarse llevar por lo que nos digan, por ejemplo, a mí uno de mis
hijos me decía, "Ay, mamá, eso no te va a servir. Ay, mamá, eso no va a
funcionarte. Ay, no, mejor haz otra cosa." Y luego la diferencia de mi
otro hijo. O sea, yo, mira, hijo, tengo esa inquietud de esto y esto otro.
Hazlo, mamá, hazlo.
“¿Cómo vas a saber el resultado si no lo intentas? Y ahora
pienso, cuando hay que dirigirse a una persona para pedir, no sé, a la mejor a
algún lugar para vender o algo así, siempre todas las Ay, no, ¿qué me va a
decir? Ay, no, me va a decir que no. Yo le digo, Yo sí voy, porque no pasa que
me diga no se puede y ya, pero no en
todos lados”.
Su historia es un faro de esperanza y un recordatorio de que
la fortaleza, la valentía y la perseverancia pueden abrir nuevas puertas y
llevar a una vida plena, sin importar la edad o las circunstancias.
Escucha su historia: https://youtu.be/ZvgnJVsC9SE



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